“LITRO DE ACEITE DE OLIVA”: UN PIROPO. Rafael Moñino Pérez

VIERNES 08-09-2023

Seguro estoy de que el título elegido para las líneas que siguen resultará extraño y anacrónico a la mayoría de quienes las lean, pero aunque resulte raro, no lo será tanto si entre los lectores figuran personas nonagenarias, u octogenarias a punto de serlo, a los cuales, el precio actual del aceite de oliva (o el que amenaza con llegar, según dicen) no les resulte tan caro si recuerdan el que tuvo durante su infancia.

La expresión “litro de aceite de oliva”, como piropo a una mujer, pertenece a la historieta que en forma de dibujo y texto publicó hace muchísimos años (los 40 del siglo pasado) el periodista y dibujante humorístico Don Serafín Rojo Caamaño, más conocido por su firma “Serafin” a secas, en la página de un tebeo de la serie JAIMITO de la Editorial Valenciana. También, en la revista “La Codorniz”, fueron notorios y populares los dibujos de sus marquesas bebiendo tintorro.

La historieta se titulaba “Don Juan Tenorio en el siglo XX”, y, en una de sus viñetas, Don Juan se dirigía así a Doña Inés:

Doña Inés, corazón mío,

fluorescencia de mi vida,

ojitos de restricción,

litro de aceite de oliva,

carita de Lana Turner,

olor a perfume caro,

¡Ay, párpados con betún

y pelito oxigenado!

Como estos disparatados ripios -propios del estilo versificador que solía usar “Serafín”- pertenecen a la época apuntada antes, diremos a los más jóvenes que, durante los años de la postguerra civil española, la vida estaba más cara que ahora, situación que se vio agravada todavía más por el bloqueo económico internacional que sufrimos España y los españoles. Explicaremos de paso también el porqué del piropo a Doña Inés en forma de aceite, y otras expresiones que lo acompañan:

-Litro de aceite de oliva: Producto carísimo de primera necesidad, como lo fue el pan. Su precio rondaba o sobrepasaba las veinticinco pesetas. Compárese con las veinticinco o treinta pesetas de jornal que, según oficios, cobraba un peón agrícola o cualquier trabajador manual, o las veinte pesetas de una mujer, y se verá que el litro de aceite costaba lo que el salario de un día. Esto, referido a la Vega Baja, porque, sin salirnos de la provincia alicantina, en otros lugares como el Alto Vinalopó -Villena por ejemplo-, el jornal era unas diez pesetas inferior. Los niños de entonces que tenían la suerte de salir de sus casas merendando una rebanada de pan untada de aceite se encontraban a veces con algún amiguito cuya rebanada estaba seca. Entonces, el otro decía: ¿Me sopas? Y el uno respondía: ¡Te sopo!, juntando y apretando seguidamente ambas rebanadas para repartir el aceite.

-Ojitos de restricción: Ojos negros. Había constantes restricciones eléctricas, a veces dos o tres días por semana. La gente decía: Hoy no hay luz-. Y, por supuesto, si no había luz, había oscuridad o negrura, como los ojos de Doña Inés.

-Carita de Lana Turner: Comparación entre el rostro de Doña Inés con el de la actriz estadounidense Lana Turner (1921-1995), que por entonces estaba en su apogeo de belleza y cutis impecable.

-Olor a perfume caro: Perfume de marca. Los perfumes populares, vulgarmente llamados colonias, se vendían por lo general a granel y bastante adulterados, por lo que cuando alguien olía especialmente bien era porque usaba perfumes de marca.

-Párpados con betún: Obviamente, dicho con exageración, párpados maquillados o máscara de pestañas. Hoy se suele llamar rimel, palabra desconocida entonces.

-Pelito oxigenado: Cabello teñido. La Doña Inés del tebeo debía ser morena, como indica el color negro de sus ojos, pero aparentaba ser rubia por tratarse el cabello con agua oxigenada u otros mejunjes adecuados.

Resumiendo, eran las cosas de la época. No solo estaba el problema del aceite, sino también el de otros productos que figuraban en las cartillas de racionamiento. La ropa se recosía o se remendaba; la gasolina se sustituía por el gasógeno en coches y camiones, y hasta en las cubiertas de sus ruedas era frecuente ver remiendos atornillados con trozos recortados de cubiertas de desecho. No siempre cualquier tiempo pasado fue mejor, y hasta el aceite de oliva de entonces, además de ser más caro, era de peor calidad. Y tampoco se llevaba a las casas embotellado, sino medido en las tiendas a granel por cuartos y medios litros en la misma botella de siempre, la que había en las alacenas de las casas dedicada a este producto, junto a una pequeña alcuza para medir el que se echaba a la sartén.

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