COMUNICACIÓN DEL CENTRO DE DOCUMENTACIÓN, INVESTIGACIÓN Y ESTUDIOS COJENSES EN LA PRESENTACIÓN AL PUEBLO DE COX DEL GENTILICIO COJENSE

LO QUE SE IGNORA, Y LO QUE SE SABE DEL TOPÓNIMO COX
LO QUE SE IGNORA DEL VOCABLO COX

Cartel-Charla-Coloquio-gentilicio-CDIECojense-09-04-2016

COX 11-04-2016

Se ignora lo que significa el topónimo Cox. Hasta la fecha no se ha encontrado información fiable sobre el verdadero origen y significado de este vocablo. El único intento pretendidamente serio publicado es una escasa reseña entre las páginas 344 y 345 del libro “Documentos y datos para un estudio toponímico de la región valenciana”. Dicha reseña comienza con la afirmación siguiente: “No disponemos de documentación paleográfica”. O sea, que de entrada, se reconoce implícitamente desconocer su significado y de dónde procede por no disponer de información fehaciente. Pero después de una corta disquisición históricamente conocida, entre la que consta la incorporación de Cox a Orihuela en 1266, se añade: “La base etimológica del nombre habrá que buscarla en el latín tardío COXU”, para, seguidamente, tomar prestada una derivación de este vocablo del latín tardío establecida por el historiador y filólogo francés Du Cange, que presenta estas equivalencias: COXUS = CLOSUS = CLOSUM = CLAUDUS = CLODUS, para acabar, tras algunas consideraciones, en el vocablo CLAUSUM, de lo que se desprende que Cox significa “lugar cerrado o vallado por setos o muros”. Terminan los autores la reseña sobre Cox con este párrafo: “La forma COIX, con que a veces se conoce el topónimo, no pasa de ser una influencia analógica del vocablo coix, forma eufemística”. Pues bien, hasta aquí, la corta reseña que, más arriba, nos permitimos calificar de “intento pretendidamente serio” para explicar el significado del vocablo Cox, con el que no estamos de acuerdo. Veamos por qué.
Los autores empiezan diciendo que no disponen de documentación paleográfica, lo cual, por incuestionable, debería bastar para zanjar el asunto, pero a renglón seguido, partiendo de la elección de un vocablo latino y sus equivalencias tomadas del citado filólogo francés del siglo XVII -cuyo pensamiento al establecerlas debía estar muy lejos de referirse al Cox español-, llegan a la conclusión de que Cox significa “lugar cerrado o vallado por setos o muros”. Esto, en principio, demuestra poca seriedad en el método de búsqueda, tan escasa como la que tendría planificar un edificio empezando por el diseño de la veleta, dejando en segundo plano los cálculos de resistencia de la obra piso a piso hasta llegar a los cimientos, los cuales se adecuarían en consonancia al lucimiento del artilugio elegido para saber de dónde sopla el viento. Esta supuesta obra, que como vivienda sería poco habitable y segura, como argumento lingüístico es fácil de desmontar sin necesidad de grandes conocimientos de latín, porque si al vocablo latino COXU, que representa el cimiento del sistema, le cambiamos la U por la I y lo convertimos en COXI, las equivalencias se convierten en COXI = COQUO = COXERA = COCTUM, que significa cocer o guisar al fuego, y otro derivado de COXI, COCUS, que en castellano significa cocinero, sería el responsable del cocido y la veleta del nuevo edificio. Seamos serios: Hacer derivar Cox de COXU, de COXI o de cualquier otro vocablo elegido a capricho para tomarlo como pedestal de nuestros deseos no son más que lucubraciones y fantasías, y fantasear e inventar cualquiera de nosotros puede, unos con más conocimientos y otros con menos.
Otro filólogo, Carles Segura, autor de un extenso informe que figura como anejo al estudio filológico presentado por nosotros y registrado en el Ayuntamiento, opina que el topónimo Cox puede ser prerromano, lo cual, por suponerle al nombre de Cox la
posibilidad y gloria de aumentar unos cuantos siglos más su antigüedad, es de agradecer, pero tampoco nos sirve, porque sigue siendo una opinión, no una certeza.
Para ir cerrando esta primera consideración titulada LO QUE SE IGNORA DEL VOCABLO COX, añadimos un especial comentario al último párrafo de la reseña del citado libro, donde se considera la forma Coix como eufemística. Esto nos parece un contrasentido, porque eufemismo significa llamar a algo o alguien con términos o palabras suaves para evitar una calificación rotunda u ofensiva, y el nombre de Cox no es ni rotundo, ni brusco, ni ofensivo, luego sobran los eufemismos. La forma Coix, con la cual se llamó durante unas cuatro centurias a Cox (y este dato lo conocerían sobradamente los autores), no tiene nada de eufemística, pues nació simplemente por la inclusión de la i latina procedente del catalán, caso idéntico a lo que ocurrió con la vecina población de Sax, que se llamó Saix durante el mismo periodo histórico, hasta que a partir de 1780, por Real Cédula de Carlos III los pueblos de origen castellano –Cox y Sax incluidos- recuperaron su antigua grafía castellana, tan auténtica que, previo al Repartimiento de las tierras de Orihuela, casi coincidiendo con su comienzo, aparece Cox con sus tres letras actuales en un privilegio de 15 de Julio de 1266 firmado en Sevilla por Alfonso X El Sabio en el que se concede término a Orihuela, y del que extractamos la siguiente referencia: “ … que heuemos de facer bien e merced al Concejo de Ariguela también … e por que sean mas ricos e mas abondados e nos puedan mejor servir, Damosles e otorgamosles que hayan por su término a Auanilla (Abanilla), a Crevillent (Crevillente) e a Albatera e a Cox, e Arrabal (?) e a Almodovar (Guardamar)…”
Y terminamos este apartado con algunas curiosidades relativas al nombre de nuestro pueblo, curiosidades que, obviamente, carecen de relevancia en nuestro caso por las particularidades propias de cada lengua: Existen en el mundo bastantes lugares, objetos y apellidos que también se llaman Cox, pero no pasa de ser una mera coincidencia la repetida conjunción de estas tres letras en el mismo orden, pues seguir la pista de su significado en cada caso, cambiando de idioma, no conduce a ninguna parte. Reciben el nombre de Cox, entre otros, un apellido anglosajón, una variedad de manzana, una ensenada en la costa norte del lago Llanquine, en Chile, una isla en Canadá, más una península y un monte en Australia. Y también, a mucha menor distancia, un pueblecito francés situado en una ladera al otro lado de los Pirineos, en el distrito de Toulouse, cuyo nombre, según carta en nuestro poder de su alcalde, significa ladera, aludiendo al lugar que ocupa, accidente geográfico que en patois occitano se escribe COTS, y que pasa a escribirse COX en francés por la fusión de la T y la S finales en X.

LO QUE SE SABE DEL TOPÓNIMO COX

Veamos ahora lo que se sabe, la información accesible a cualquier aficionado a la historia sobre el topónimo que da nombre a nuestro pueblo.

Época árabe y conquista cristiana:
Aunque ya sabemos que Alfonso X El Sabio citó a Cox con su nombre castellano actual, por su propia estructura el topónimo Cox tampoco parece de origen árabe. Los topónimos árabes tienen al menos tres consonantes, y Cox posee solo dos, la C y la X. Tras la conquista cristiana de esta comarca fueron distribuidas las tierras conquistadas a los musulmanes mediante el llamado Repartimiento de Orihuela, en el cual aparece Cox bajo el epígrafe Benimancox, que significa familia (o hijos de) Amán de Cox, de lo cual se deduce que esta familia, o clan, debía ser, si no la propietaria del Lugar, sí una de las más importantes. A partir de aquí, desposeída esta familia de su propiedad, Cox recuperó su grafía castellana como se puede leer en el privilegio citado más arriba firmado en Sevilla por el rey Alfonso X El Sabio, yerno del rey aragonés Jaime I. Curiosamente, y tal vez relacionado con la citada familia Amán -no podemos asegurarlo-, se conserva en la huerta de Callosa el nombre de Benimancox aplicado a una arroba o canal de riego.

Grafía y fonética. El sonido castellano de la X:

La pronunciación correcta del vocablo Cox es Coj, pues la x actual es la antigua j castellana. Sirva como ejemplo que se escribían con x y se pronunciaban con j palabras como Quixote, Ximeno, Xavier, relox, exército, Sax, Cox, Xacarilla, Roxales, Texas, México, y muchas más. De las once citadas, solo Cox y Sax conservan la antigua x en su grafía, pues los casos de Texas y México son especiales por que, aunque los naturales de dichos lugares siguieron escribiendo los nombres de sus países con x tal como lo aprendieron de los españoles, la RAE admite también como correcto escribir Tejas y Méjico con j, siendo sus gentilicios, respectivamente, tejano y mejicano. Por esta regla, el gentilicio de Sax es sajeño-sajeña, ya que el fonema de Sax es Saj, como el de Cox es Coj, y la raíz lingüística de los nombres de ambos pueblos requiere que la tercera letra de sus gentilicios sea, obligatoriamente, la j.

Modificación transitoria:

Poco después de la conquista cristiana, y como se dijo al principio, por influencia catalana se intercaló la i latina entre la o y la x, y pasó a escribirse Coix, ocurriendo otro tanto con Sax, que se transformó igualmente en Saix. Pero en 1780, como también se ha dicho, mediante Real Cédula de Aranjuez del rey Carlos III, ambos pueblos, como muchos otros lugares de España, recobraron su antigua grafía castellana y volvieron a escribirse Sax y Cox.

Su gentilicio:

El filólogo Julio Casares, en su diccionario, nos asignó el gentilicio cojero, de género masculino, uno de los posibles derivados naturales de Cox, el cual reúne los requisitos gráficos y fonéticos pertinentes al caso, pero tiene el grave inconveniente de que en femenino es cojera, y crea una improcedente dualidad de significados respecto de la mujer de Cox. Esto queda resuelto con la palabra cojense, otro derivado natural de Cox, suave de pronunciar y sin la rotundidad fonética del cojero de Casares, que no se popularizó, quizá por las razones apuntadas de rotundidad y dualidad, y también, creemos, por la secular inhibición en este campo de las personas que, oralmente o por escrito, se han dirigido históricamente al pueblo, y por el desinterés, también histórico, de las autoridades locales de turno en resolver esta cuestión, circunstancias que, unidas, crearon una laguna cultural en la comunicación oral del común de los ciudadanos, laguna que, como siempre que esto ocurre en cualquier materia, el pueblo acaba llenando a su manera y buen -o mal- entender, en este caso con gentilicios sin sentido y carentes de lógica, e incluso peyorativos. El gentilicio cojense que proponemos, por ser de género neutro es común a hombres y mujeres, no plantea problemas de interpretación y significado, es una palabra llana, de suave expresión, y resuelve definitivamente el problema lingüístico local en este asunto.
Por todo ello, el término cojense, debidamente razonado y documentado por la asociación cultural Centro de Documentación, Investigación y Estudios Cojenses, se halla presentado y registrado en el Excmo. Ayuntamiento de Cox, y propuesto para que, tras su aprobación por la Corporación Municipal, sea adoptado y declarado oficialmente como gentilicio local.